Me cruzé con Rose en un camino,
su pelo olía a lluvia; andaba con la punta
de los pies ligeramente despegados del suelo.
Cuando me giré, fugaz, ya estaba
lejos, entraba en el cielo, verde y completamente
redondo, sí, el cielo, desgreñándose sus miles de brazos,
caprichoso, olvidado de sí, cómo Rose que cura la patita de
MeMel o el tajo en la espalda de Taipe en su día.
Te vi en las salas más extensas del cielo Rose, la luz
cada día te traía nuevas flores con las que jugar,
y en tu corazón noble cómo el ciprés, misterios fueron conjurados.
domingo, 14 de março de 2010
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